En el nombre de la lengua

Esperanto-Tago

Hoy es el dia del blog en esperanto. Como el mio ya lo escribo en esperanto, he decidido contribuir a esta jornada con una entrada en mi lengua natal, el español. La traducción al esperanto la publicaré en breve.

Hodiaŭ estas la Esperanto-Tago; kiel kontribuon al la kampanjo por la tago de esperanto-blogoj, mi verkas tiun ĉi artikoleton en mia denaska lingvo, la hispana; ĝian e-tradukon mi publikigos baldaŭ.

He dicho que iba a publicar en español... ¿o debía haber dicho "en castellano"? ¿cómo se llama mi lengua natal? ¿por qué se llama así?. Bueno, realmente sería muy ambicioso si pretendiera responder a estas últimas cuestiones. Pero el caso es que el nombre por el que se conoce internacionalmente mi lengua es el equivalente en cada idioma a "español", que coincide —¡caramba, qué coincidencia! (Les Luthiers)— con el gentilicio del país España.

Y ese es justamente el problema: que los idiomas reciban el mismo nombre que un cierto gentilicio. Por eso, en virtud de la célebre hipótesis de Sapir-Whorf, se refuerza la fusión mental de ambos conceptos, aunque no sean idénticos. Por ejemplo, un idioma puede ser de varios pueblos y/o un pueblo puede hablar varios idiomas. Esta igualdad artificial entre el nombre de un pueblo y el de un idioma permite a los nacionalistas fundamentalistas tomar "el todo por la parte", o sea, el idioma como nación o, al menos, como elemento identitario fundamental. Y no tienen razón.

En el caso que nos ocupa, decir “idioma español” refuerza la idea de “idioma que se habla en España” y tiende a ocultar el hecho de que en España se hablan otros idiomas, con lo que sus hablantes se cabrean (salvo los independentistas, que para ellos el “español” es un idioma que se habla en el “extranjero”). Decir “idioma castellano” le molesta a los sudamericanos, porque no les parece bien hablar un idioma de “categoría regional”: ellos hablan un idioma imperial ¡qué caramba!

Todos estos males desparecerían grandemente si al español, por ejemplo, se le llamara “román-paladino”, de gran tradición en nuestra fraseología, o algo igualmente neutro, como "lengua de Cervantes" que, si bien alude a un señor muy ligado a las alharacas nacionalistas españolas, no es menos cierto que su estatura y prestigio como creador de la moderna lengua española hacen sombra a esta pretensión provinciana.

Es decir, que mejor nos iría si los idiomas tomaran nombres neutros, como el Sanscrito, o sin ir más lejos, el Esperanto, la lengua en la que esta bitácora publica regularmente.

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Lu je la 20a December 2007

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